31 de agosto de 2009

Ecovia del Algarve


Pues eso es lo que hemos hecho: el Algarve de cabo (de San Vicente) a rabo. La Ecovía del Algarve es parte de un proyecto llamado Eurovelo, red de carriles bici para cicloturistas que atraviesa toda Europa. Concretamente la Ecovía del Algarve es el comienzo (o el final) de la Ruta Costa Atlántica, la red cicloturista que cruza Europa desde el cabo Norte, situado al norte de Noruega, hasta el cabo de San Vicente, al sur de Portugal. La ruta aún no está completamente preparada para la bicicleta por lo que, los tramos sin acondicionar nos causaron algun contratiempo que, entre todos, conseguimos solventar.
Todo en 5 días a una media de 50 kms por día. Por la mañana pedales y por la tarde playa. Dormíamos en camping en la ciudad donde acababa cada etapa, salvo en Portimao que nos quedamos en hotel. De esta aventura participamos 5 personas: David, Nuria, Mario y Raquel, cada uno en su bicicleta, y Javier el primer día en coche (después pa Cáceres a currar).

1ª Etapa: Cabo de San Vicente - Luz

Con la misma ilusión que viento a favor salimos desde el kilómetro 0 de la Ecovia en el Cabo de San Vicente con dirección Sagres. Allí nos hicimos la obligada foto de salida. La foto la hizo Javier, que una vez apretado el botón de la cámara cogió el coche para tumbarse cuanto antes en alguna playa cercana.

Comenzamos la etapa por carril bici perfectamente señalizado y por carreteras secundarias exclusivas para nosotros.

Tras atravesar Vila do Obispo y Raposeira llegó el primer incidente del viaje. En Hortas do Tabual nos emocionamos en una bajada y nos pasamos el desvío que nos llevaba hasta Figueira. Cualquiera volvía a subir todo lo que habiamos bajado para llegar al cruce que seguía la Ecovía, así es que decidimos subir un repechazo mortal que nos llevaba desde la playa hasta lo alto de un acantilado. Por allí arriba andaba el cabrero tartamudo que más rapido habla de todo Portugal con sus perros y gracias a sus "indicaciones" conseguimos retomar la ruta original en dirección a Figueira.
Un lugar importante en esta etapa fue Salema. Los problemas mecánicos con el freno de Raquel y las vistas de su playa azul turquesa nos hicieron descansar allí durante más de media hora.


Dejando atrás Salema nos esperaba una de las subidas mas duras del día. Pero el esfuerzo tendría recompensa: la preciosa cala de Boca do Río.


Como habíamos madrugado poco, el calor, el hambre y el cansancio se apoderó de nosotros y tuvimos que parar 7 kilómetros antes del camping de Luz (lugar donde terminaba la primera etapa) para comer y descansar un poco. Allí habiamos quedado con el bañista motorizado.
Degustamos unas deliciosas pizzas frente a la playa de Burgau servidas por la camarera viejuna mas sexy del lugar. Aún lamento no haber fotografiado ese sugerente tirante caído que dejaba ver un sensual sujetador fabricado a principios de los 90.

Despúes de la comida hicimos los 7 kilómetros restantes atravesando una de las muchas urbanizaciones de lujo que pudimos ver durante todo el viaje por el Algarve.
Llegamos al Camping Valverde en la ciudad de Luz sobre las 5 de la tarde. En este camping comencé a darme cuenta de una cosa: mi paciencia para clavar piquetas en terrenos duros es muy limitada.
Una vez colocadas las tiendas, nos dimos un merecido baño en la playa de Luz.



2ª Etapa: Luz - Portimao

Salimos del camping de Luz a las 9:30 de la mañana, un poco tarde para el calor que nos esperaba. Javier se despidió de nosotros en la puerta del camping. Él ya iría a su bola durante toda la mañana y después se subiría para Cáceres.
Enseguida llegamos a la ciudad de Lagos. Paramos en un bar en el puerto para desayunar un sandwinch enorme servido por una siesa portuguesa.
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Tras pasar rías, riberas y atravesar la vía del tren en la estación de Mexilhoeira Grande, la ruta oficial de la Ecovía nos dirigió hacía un puente invisible por el cual debíamos atravesar una ría. Al no existir pasarela alguna tuvimos que cruzar la ría por el puente de la vía del tren.

Los problemas no acabaron ahí. Una vez atravesada la ría, la ruta nos llevaba por un sendero infernal en el que cabía una persona de milagro. A los lados del sendero ramas y arbustos y, si te descuidabas, podias acabar en el agua. Más de una mordió el polvo por estos lares. Este tramo aún no esta acondicionado para la bicicleta, el track para el GPS descargado de la web oficial de la Ecovía nos llevaba por allí, pero la vía no existía como tal.


Las secuelas de esta maldita vereda quedaron reflejadas en forma de arañazos y moratones en los brazos y piernas de todos nosotros.
Al salir de este atoyadero nos esperaba la ciudad de Alvor y muy cerca de ella Portimao, lugar donde concluía la segunda etapa. Llegamos a muy buena hora para descubrir la playa de Roche, primero para verla desde los acantilados y despúes para bañarnos en su agua helada.



En Portimao no hubo que clavar piquetas en el suelo. Un hotelito frente al mar nos esperaba. El cuarto de baño de la habitación nos sirvió de lavandería y la terraza de tendedero improvisado.



3ª Etapa: Portimao - Albufeira

Como si del mejor Spa se tratara, salimos como nuevos del hotelito en el que habíamos dormido. La ropa limpia y seca, una cama con sábanas y almohada, una bañera para nosotros solos, aire acondicionado, personal amable... y un nutritivo desayuno continental nos dieron la fuerza necesaria para poder continuar pedaleando. Bueno, eso... y los 8 bocadillos que sigilosamente preparamos durante el desayuno con bollos de pan y fiambre para comerlos a media mañana y que estaban incluidos en el precio ("que pa eso está pagao!!").
Salimos de Portimao después de sufrir los malos humos mañaneros de la chica de la Oficina de Turismo, otra vez tarde y con calor.
Al poco tiempo de salir de Portimao, llegamos a Ferragudo, un pueblo pequeño pero muy bonito.

El "crimen de los bocadillos" llegó a consumarse en Armaçao de Pêra. Con unas inmejorables vistas de la playa disfrutamos de un fabuloso tentempie cortesía del Hotel Avenida Praia (o nuestra).


Después del bocata nos esperaban algunas bajadas hasta llegar a la playa de Salgados, donde recorrimos bastantes metros por pasarelas de playa.
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En la última parte de la etapa se hizo notar el cansancio físico y el calor. El camping de Albufeira no esta situado dentro de la ciudad. Dimos varios rodeos hasta llegar a él y cada error al buscarlo significaba subir una buena cuesta. Obcecados en encotrar el camping, Mario y yo dejamos a las chicas perdidas en una rotonda. El tono amenazante de dos mujeres abandonadas al otro lado del teléfono nos hizo recordar a Mario y a mí que no todo era picarse por la carretera con tractores lentos. Tras las indicaciones telefónicas desde la recepción del camping, Nuria y Raquel llegaron sanas y salvas al destino.

Después de sufrir nuevamente la dureza del suelo portugués al montar la tienda de campaña, nos fuimos en bus hasta la playa de Albufeira. Allí apareció... Álex (portero del Independientes Caurienses) y Mónica (su novia). ¡Corianos por el mundo!

Después del baño, el paseo por la ciudad (rebosante de turistas) y la buena cena en un indio con Álex y Mónica, cogimos el autobús de vuelta al camping. Marcamos vuelta rápida un par de veces en el autobús de la muerte, conducido por Kimi Räikkönen poseido por el alma de Farruquito camino del camping.
Como aún nos manteníamos con vida, bajamos del autobús con el pensamiento de los periodistas que terminan de darse un paseito con el piloto de rally más loco del campeonato en el asiento del acompañante: ¡hemos disfrutado pasándolo mal!

4ª Etapa: Albufeira - Olhao

La etapa más larga de las 4: 62 kms. Madrugamos bastante para que esta vez no nos cogiese el calor, a las 06:15 de la mañana. Estábamos listos a las 07:30, pero tuvimos que esperar a que abriesen la recepción del camping a las 08:00 para entregar las tarjetas de identificación y recoger la fianza depositada. Entre unas cosas y otras, salimos a las 08:30 de la mañana.

Los 20 primeros kilómetros hasta Quarteira discurrieron entre más urbanizaciones y campos de golf.
En Quarteira paramos en una gasolinera para repostar tanto nosotros como las bicicletas.

Después de Quarteira cruzamos por Vale de Lobo, un lugar lleno de grandes mansiones, buenos coches, jardines y campos de golf. Como no teníamos ninguna casa de aquellas en propiedad, ni tampoco conocíamos a nadie por la zona, nos conformamos con imaginar las vidas tan desestructuradas de aquellas familias tan infelices y podridas de dinero bañandose en sus piscinas gigantes con vistas al mar.
Pasando Vale de Lobo entramos en el parque natural Ría Formosa, un largo brazo de arena y mar de 60 kilómetros de largo. Un enorme laberinto de agua, islas, ojos, caños, rías, dunas y playas con una amplísima variedad de aves migratorias. Pedalearíamos ya por el parque natural casi hasta el final de nuestro viaje.


Como las fuerzas ya estaban muy limitadas a la altura de Faro, decidimos parar a comer en su casco histórico y retomar la última parte de la etapa con el estómago lleno.



No tardamos nada en llegar a Olhao después de comer en Faro. Tras colocar las tiendas en suelo duro una vez más, pudimos disfrutar de un baño, esta vez en la piscina del camping. No os perdais el insólito nombre del agua por estos lares!!!




5ª Etapa: Olhao - Vila Real de Sto. Antonio

Y llegó la última etapa de la Ecovía del Algarve. Se respiraba una mezcla de alegría y nostalgia. Los cuerpos, sobre todo los de las chicas, agradecidos por hacer un último esfuerzo pero, por otro lado, la experiencia estaba siendo muy buena y había pena por llegar al final.
Nada más salir del camping nos encontramos con un problema, un río sin puente, bueno sin puente no, estaba el del tren pero... había que cruzar por la vía con el riesgo de que llegase el ferrocarril. Pero como no había otra opción lo pasamos.

A partir de ese momento la ruta empezó a transcurrir entre humedales y salinas llenos de distintas especies de aves y el camino preparado solo para cicloturistas. Estábamos a 8 metros del nivel del mar según marcaba nuestro GPS.



Con este paisaje pronto llegamos a la localidad de Tavira, conocida como la Venecia del Algarve. El río divide la ciudad en dos partes, unidas entre sí por tres puentes, dos de ellos romanos.

A pocos kilómetros de Tavira, y a 188 km ya del cabo de San Vicente, atravesamos Cabanas de Tavira, una pedanía de la primera. Al mismo tiempo dejábamos atrás los paisajes del Parque Natural da Ria Formosa.

Siempre con la playa a nuestra derecha, seguimos por campos de golf y bosquecitos que nos protegían del sol que comenzaba a calentar alrededor del mediodía.
En Manta Rota, hicimos la compra para la comida final que degustamos en Villa Real de San Antonio, pero antes un platanito nos dió energía para continuar.


A pocos kilómetros para el final, pasamos por la puerta de lo que iba a ser nuestro alojamiento, el camping de Monte Gordo, frente al mar.
Por la carretera pero con carril bici, una enoooorrme recta nos llevó a la última localidad de la Ecovía.
Los chicos estabamos preparados para el sprint final. En estos últimos metros dejamos de ser compañeros de viaje para convertirnos en rivales por ser el primero en llegar al punto final de nuestra ruta. Los jueces aún siguen decidiendo el ganador con la foto-finish delante. Las chicas, alcanzaron la meta felices y sonrientes por la hazaña que acababan de conseguir. Una gran emoción nos inundó cuando percibimos la desembocadura del río que cada día vemos pasar por Mérida y que forma la frontera entre Portugal y España.

Y así terminó nuestra Ecovia. Un viaje muy recomendable, no solo por el ejercicio físico que se realiza, también por ser una manera distinta y agradable de conocer una de las zonas más bonitas de Portugal.

Para ver las rutas en wikiloc pincha aquí

20 de agosto de 2009

Embalse del Borbollón


A las 7:30 h quedamos Raúl, David y yo para dirigirnos hacia el pantano. Amado decía que era demasiado temprano para ir con la bici cuando fuí a la tahona a por el pan para los bocadillos. Yo pensababa lo mismo, pero menos mal que quedamos a esa hora porque el calor nos habría matado al volver.
Llegamos a la carretera del canal por los caminos que llevan a las parcelas, esos lugares llenos de encanto repletos de tabaco en los que Raúl disfruta y que a mi me producen casi alergia.

Dejamos el canal para coger la carretera que va hacia Guijo de Coria. Antes de llegar a este pueblo nos esperaba la parte más dura de la ruta, unos 3 kms de subida que no terminaban nunca.
Desde Guijo de Coria nos dirigimos hasta el Embalse del Borbollón, donde hicimos un alto en el camino para reponer fuerzas y meterle mano a los bocadillos que rondaban mi mente hacía ya un buen rato.
Por cierto, si alguien quiere una casa en una urbanización con campo de golf cerca del pantano, que llame a los del Residencial Parraluz que creo que les queda casi todo por vender (menudo negocio malo que montaron).



Con 35 kms pal cuerpo nos dimos la vuelta y nos dirigimos hacia Guijo de Galisteo (el Guijito para los lugareños). Antes de llegar a Guijo de Galisteo nos esperaban unos cuantos repechos que acabarían con las reservas de agua del banquero. Cruzamos el famosísimo entre los cazadores Coto del Guijito, preciado lugar para los amantes de la escopeta (creo que el rey ha participado en alguna montería).

Al pasar el Guijito, una bajada de casi 4 kilómetros nos amenizó la ya calurosa mañana. En la misma bajada nos desviamos para coger nuevamente la carretera del canal. En este último tramo se formó el grupo de los bocaseca y el Aquarius de David era lo único que quedaba para aliviar la sed.
Terminamos la ruta como empezamos, entre parcelas hasta llegar a la Puebla. Unos trabajaban y otros nos ibamos p´acasa a por la cerveza más fria de la nevera.


La ruta en Google Earth